lunes, 3 de agosto de 2015

21. VIENDO EL CRATER DEL VOLCAN ACTIVO DE MASAYA.



VIENDO EL CRATER DEL VOLCAN ACTIVO DE MASAYA.

“Más que un cráter”.


Cuando estuvimos en El Salvador, Don Carlos, el papá de los Barillas, nos recomendó que en Nicaragua visitáramos el volcán de Masaya, así que cuando salimos de León decidimos hacer una parada antes de Granada, justamente en Masaya. A la ciudad de Masaya llegamos un día lluvioso en la tarde, después de dar unas vueltas sin saber para dónde dirigirnos por fin se nos apareció un joven de nombre Nelson quien nos orientó para ir a una calle donde hay varios hostales, allí estuvimos preguntando y finalmente nos decidimos por el Hostal California, donde vivía Rigoberto un señor bastante amable. Descansamos esa noche y al siguiente día temprano salimos a la aventura para hacer el recorrido por el volcán.  
A las ocho de la mañana Luis y yo salimos del hostal, compramos algo para desayunar y un jugo de manzana,  y obviamente llevábamos también con nosotros una botella de agua. Llegamos al camino de la carretera y preguntamos cual era el bus que nos llevaba hasta allá, nos indicaron que había que cruzar la calle y tomar cualquiera que fuera hacia Managua y solo indicarles que nos bajaran en la entrada. Al llegar nos recibió una escultura de Augusto Cesar Sandino, nos cobraron cien córdobas (moneda en Nicaragua) y nos dieron una pulsera donde se leía: “Volcán de Masaya, más que un cráter.” luego nos indicaron que había que caminar medio kilómetro hasta el museo, y luego  otros cuatro kilómetros hasta el volcán. Se puede llegar en auto hasta el cráter, pero nosotros íbamos mentalizados a que iba a ser un día de mucho caminar así que comenzamos la travesía, de ida solamente nos dieron un pequeño aventón en la parte de atrás de una camioneta para llegar al museo. El museo es muy interesante con una explicación muy buena sobre los placas tectónicas y la formación de volcanes, así como de la historia del volcán de Masaya, de lo que significaba para los aborígenes y lo que significó para los españoles a su llegada; en la parte alta del cráter un fraile español mandó poner una cruz de madera por las creencias de que allí era la entrada al infierno;  en el museo también se daba una explicación de la flora y la fauna de la región, algo muy interesante son las aves chocoyo coludo que son como loros que se adaptaron al volcán y que viven en la parte alta del cráter, afortunadamente pudimos ver algunos volando cuando llegamos arriba; también había una sección de insectos y plantas disecadas, y finalmente en el museo había un mirador desde donde se veía la inmensa laguna de Masaya.


Una vez que terminamos el recorrido en el museo, comenzó la caminata en serio,  afortunadamente la mañana estuvo nublada, y aunque no era muy inclinada la subida si hubo momentos en que tuvimos que hacer pausas para beber un poco de agua. Durante el trayecto ibas encontrando piedras volcánicas al lado del camino. Ya casi llegando nos detuvimos en el mirador de los venados, ya de allí se alcanzaba a ver la cruz en lo alto del cráter. Cuando por fin llegamos al cráter la vista era impresionante el vapor que salía del cráter se combinaba con las nubes y no dejaba ver muy bien la extensión del mismo, hasta que se despejo un poco y se alcanzó a  notar la cúspide del volcán y la extensión del cráter. Si te asomabas un poco terminabas inhalando los gases los cuales terminaban por irritarte y por dejar un sabor en la boca como cuando tragas agua de mar. Nos impresionó mucho, pero luego vimos que había un sendero donde había mucha gente unos subiendo y otros bajando.  Así que comenzamos a caminar y de pronto lo que nos encontramos era algo mágico, de un lado estaba el cráter hirviendo, por otro había un boquete de otro volcán ya extinto y conforme ibas subiendo el sendero se comenzaba a vislumbrar la hermosa laguna, entonces tenías una vista magnifica para cualquier punto donde voltearas. De pronto el sendero era algo complicado y el viento parecía estar enojado, o simplemente en la misma sintonía con los volcanes,  era tan intenso que alcanzabas a sentir que te movía un poco, pero luego de batallar un poco decidí quedarme quieto y simplemente admirar el paisaje en 360 grados y ver como se me ponía la piel de gallinita de la emoción, allí recordé la frase de la pulsera, “mucho más que un cráter”.  En la cúspide conocimos a unas chilenas Natalia y Doris con quien estuvimos platicando un buen rato y con quienes compartimos el momento.
Curiosamente en la mañana yo había leído en el Excélsior la columna de Joselo (integrante de Café Tacvba) de nombre “Fotos” donde hablaba que a él no le gusta mucho tomar fotos pues siente que pierde la emoción del momento; ese día yo estaba tomando fotos emocionado y de pronto se me acabo la pila del celular y de la cámara así que todo el trayecto del sendero ya no pude tomar más fotos, pero decidí por el contrario vivir el momento con toda la intensidad posible, con el fin de impregnar  en mi memoria ese bello momento que estaba viviendo.
Finalmente bajamos lentamente el mágico sendero pues era muy resbaloso,  para luego comenzar a bajar por el camino, para entonces el sol brillaba con fuerza, a medio camino se detuvo un señor en un auto para regalarnos agua fresca y casi al final un señor nos subió a su camioneta. Terminamos algo asoleados pero gracias a la bondad nicaragüense, en la noche nuestro amigo Lenin nos invitó unas cervezas para refrescarnos, junto con nuestro amigo Nelson.
Un día mágico en el volcán de Masaya.

 

Escrito por David Herrera
                                                                                              22 de Julio  de 2015.

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