VIENDO EL CRATER DEL VOLCAN
ACTIVO DE MASAYA.
“Más que un cráter”.
Cuando estuvimos en El Salvador, Don Carlos, el papá de los Barillas,
nos recomendó que en Nicaragua visitáramos el volcán de Masaya, así que cuando
salimos de León decidimos hacer una parada antes de Granada, justamente en
Masaya. A la ciudad de Masaya llegamos un día lluvioso en la tarde, después de
dar unas vueltas sin saber para dónde dirigirnos por fin se nos apareció un
joven de nombre Nelson quien nos orientó para ir a una calle donde hay varios
hostales, allí estuvimos preguntando y finalmente nos decidimos por el Hostal
California, donde vivía Rigoberto un señor bastante amable. Descansamos esa
noche y al siguiente día temprano salimos a la aventura para hacer el recorrido
por el volcán.
A las ocho de la mañana Luis y yo salimos del hostal, compramos algo
para desayunar y un jugo de manzana, y
obviamente llevábamos también con nosotros una botella de agua. Llegamos al
camino de la carretera y preguntamos cual era el bus que nos llevaba hasta
allá, nos indicaron que había que cruzar la calle y tomar cualquiera que fuera
hacia Managua y solo indicarles que nos bajaran en la entrada. Al llegar nos
recibió una escultura de Augusto Cesar Sandino, nos cobraron cien córdobas
(moneda en Nicaragua) y nos dieron una pulsera donde se leía: “Volcán de Masaya, más que un cráter.”
luego nos indicaron que había que caminar medio kilómetro hasta el museo, y
luego otros cuatro kilómetros hasta el
volcán. Se puede llegar en auto hasta el cráter, pero nosotros íbamos
mentalizados a que iba a ser un día de mucho caminar así que comenzamos la
travesía, de ida solamente nos dieron un pequeño aventón en la parte de atrás
de una camioneta para llegar al museo. El museo es muy interesante con una
explicación muy buena sobre los placas tectónicas y la formación de volcanes,
así como de la historia del volcán de Masaya, de lo que significaba para los
aborígenes y lo que significó para los españoles a su llegada; en la parte alta
del cráter un fraile español mandó poner una cruz de madera por las creencias
de que allí era la entrada al infierno;
en el museo también se daba una explicación de la flora y la fauna de la
región, algo muy interesante son las aves chocoyo coludo que son como loros que
se adaptaron al volcán y que viven en la parte alta del cráter, afortunadamente
pudimos ver algunos volando cuando llegamos arriba; también había una sección
de insectos y plantas disecadas, y finalmente en el museo había un mirador
desde donde se veía la inmensa laguna de Masaya.
Una vez que terminamos el recorrido en el museo, comenzó la caminata en
serio, afortunadamente la mañana estuvo
nublada, y aunque no era muy inclinada la subida si hubo momentos en que
tuvimos que hacer pausas para beber un poco de agua. Durante el trayecto ibas
encontrando piedras volcánicas al lado del camino. Ya casi llegando nos
detuvimos en el mirador de los venados, ya de allí se alcanzaba a ver la cruz
en lo alto del cráter. Cuando por fin llegamos al cráter la vista era
impresionante el vapor que salía del cráter se combinaba con las nubes y no
dejaba ver muy bien la extensión del mismo, hasta que se despejo un poco y se alcanzó
a notar la cúspide del volcán y la
extensión del cráter. Si te asomabas un poco terminabas inhalando los gases los
cuales terminaban por irritarte y por dejar un sabor en la boca como cuando
tragas agua de mar. Nos impresionó mucho, pero luego vimos que había un sendero
donde había mucha gente unos subiendo y otros bajando. Así que comenzamos a caminar y de pronto lo
que nos encontramos era algo mágico, de un lado estaba el cráter hirviendo, por
otro había un boquete de otro volcán ya extinto y conforme ibas subiendo el
sendero se comenzaba a vislumbrar la hermosa laguna, entonces tenías una vista
magnifica para cualquier punto donde voltearas. De pronto el sendero era algo
complicado y el viento parecía estar enojado, o simplemente en la misma sintonía
con los volcanes, era tan intenso que
alcanzabas a sentir que te movía un poco, pero luego de batallar un poco decidí
quedarme quieto y simplemente admirar el paisaje en 360 grados y ver como se me
ponía la piel de gallinita de la emoción, allí recordé la frase de la pulsera,
“mucho más que un cráter”. En la cúspide
conocimos a unas chilenas Natalia y Doris con quien estuvimos platicando un
buen rato y con quienes compartimos el momento.
Curiosamente en la mañana yo había leído en el Excélsior la columna de
Joselo (integrante de Café Tacvba) de nombre “Fotos” donde hablaba que a él no
le gusta mucho tomar fotos pues siente que pierde la emoción del momento; ese
día yo estaba tomando fotos emocionado y de pronto se me acabo la pila del
celular y de la cámara así que todo el trayecto del sendero ya no pude tomar
más fotos, pero decidí por el contrario vivir el momento con toda la intensidad
posible, con el fin de impregnar en mi
memoria ese bello momento que estaba viviendo.
Finalmente bajamos lentamente el mágico sendero pues era muy resbaloso, para luego comenzar a bajar por el camino,
para entonces el sol brillaba con fuerza, a medio camino se detuvo un señor en
un auto para regalarnos agua fresca y casi al final un señor nos subió a su
camioneta. Terminamos algo asoleados pero gracias a la bondad nicaragüense, en
la noche nuestro amigo Lenin nos invitó unas cervezas para refrescarnos, junto
con nuestro amigo Nelson.
Un día mágico en el volcán de Masaya.
Escrito por David Herrera
22
de Julio de 2015.
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